El paracaídas de emergencia sí bien es una tranquilidad para todos los pilotos también es cierto que encierra una serie de interrogantes respecto de cuando debe ser utilizado y como.
Al igual que todo el equipamiento de vuelo exige de un cuidado y mantención periódico para permitir un mejor funcionamiento. En primer lugar, el paracaídas tiene que ser aireado y plegado con regularidad. Los fabricantes, por lo general, recomiendan reempacarlo cada 6 meses para obtener un funcionamiento óptimo. Al menos una vez al año ya es el plazo máximo para reempacar el paracaídas y permitir airearlo. Obviamente hay que tener en cuenta el clima y las condiciones donde se ha usado. En climas húmedos (como las zonas costeras) se recomienda empacarlo de forma más frecuente. Si hemos tenido un mal aterrizaje, se ha golpeado, le ha entrado arena, tierra ó se ha movido de su ubicación original debemos reempacarlo a la brevedad.
Para el reempaque hace falta seguir las instrucciones del fabricante ó bien asesorarse por los servicios especializados para reempaque.
¿Cuándo utilizarlo?
Se debe utilizar como última instancia cuando se ha perdido el control del parapente, ya sea por una colisión, por problemas de rotura en vuelo o por encontrarse nuestro parapente en una situación de vuelo incontrolable, especialmente cuando estamos cerca del terreno. También si por alguna situación fisiológica no podamos estar en condiciones de controlar al parapente. No debemos olvidarnos que por sí sólo el paracaídas de emergencia no va a resolver el problema que nos encontremos por lo que se debe tener claro que el uso es en instancias incontrolables de vuelo. Pequeñas plegadas o turbulencias no justifican su uso. Regularmente mientras volamos debemos ejercitar mentalmente el procedimiento de apertura. Si nos encontramos de golpe en una situación incontrolada lo primero es tener la certeza de la altura a la que nos encontramos respecto del terreno; si estamos bajos y fuera de control inmediatamente se debe utilizar el paracaídas de emergencia. Si nos encontramos con altura y posibilidad de recuperar la estabilidad en vuelo debemos intentar recuperar la estabilidad antes de utilizar el emergencia.
¿Cómo utilizarlo?
Una vez que hemos decidido utilizar el paracaídas de emergencia, debemos identificar el puño ó asa del emergencia. No es un momento para cometer errores y tener dudas por lo que durante tus vuelos cotidianos de vez en cuando practica mover tú mano hasta la manilla del emergencia para ver donde se encuentra. Existen diversas ubicaciones para el emergencia por lo que debes familiarizarte con la que tú utilizas.
Toma la manilla de extracción con firmaza y da un tirón seco de tal forma de sacar el contenedor interno (puedes practicar esta maniobra en tierra cada vez que quieras reempacar tú paracaídas). Hay que tener en cuenta los velcros ú otros sistemas de fijación que cierran el contenedor exterior. Ahora que tenemos de la mano la manilla con el contenedor interno y el emergencia en su interior debemos lanzar todo el paquete tan fuerte como podamos en la dirección que:
- no este obstruida por el parapente
- que sea la dirección del viento relativo; la dirección en contra de la que nos movemos. De esta forma se facilitará la apertura.
Una vez que el emergencia se abra completamente debemos procurar que el parapente y el emergencia no se estorben mutuamente. La forma más fácil y más usada es tirar de las bandas “B”. Otra solución es tirar de una banda completa para acercar lo más posible el parapente hacia nosotros (quedará volando en bandera). Lo importante es que no se interfieran para evitar una rotación ó un penduleo.
La etapa final
Todo el tiempo durante el procedimiento de emergencia debemos tener claro la altura a la que nos encontramos. Durante la etapa final nos concentraremos en donde vamos a llegar al suelo y de que forma vamos a actuar. El paracaídas de emergencia tiene una taza de caída de entre 5 y 6 m/seg en condiciones estables. Podemos ir más lentos si nos encontramos en una ascendente (cerca de la ladera por ejemplo) ó bien algo más rápidos si no vamos estables, ó bien, estamos en una descendente. (5 a 6 m/seg equivalen a saltar de una altura aprox. de 1.5 a 2 metros). Por su parte la velocidad horizontal dependerá del planeo que llevemos, de la situación de control (estabilidad) que hayamos logrado del parapente y del viento en ese momento. Debemos procurar ponernos de frente hacia la dirección en la cuál volamos para afrontar el aterrizaje con viento de cara. Ahora sólo a unos metros del suelo el procedimiento recomendado por los expertos es : Piernas cerradas, pies planos o con la punta ligeramente hacia abajo, rodillas cerradas y ligeramente flexionadas, tronco ligeramente arqueado, abajo, cabeza inclinada adelante (barbilla pegada al pecho), codos cerrados contra el cuerpo y manos agrupadas sobre la cara. En el instante del impacto, se orienta la pelvis de un lado, de manera que después de los pies, las nalgas y después la espalda aseguran la rotación y amortiguación con el cuerpo. Los paracaidistas se entrenan saltando desde una silla o una mesa e insisten sobre la importancia de tener las piernas bien cerradas y en tensión.
